Esto es para ti, que me tomabas de la mano para cruzar el Boulevard Antonio Rosales e Independencia. Allá cuando vivíamos en Sinaloa. Y que me enseñó a salir a delante frente a cualquier adversidad. Tú que en vida siempre estuviste a mi lado. Como mi fiel compañero.
TÚ SABES QUIEN ERES.
¿Debo olvidarla?… Porque siendo realista nunca podíamos estar juntos… ¿Y donde esta la línea entre el romance y la locura? … ¿Y como saber cuando cruzaste esa línea?… ¿Vivimos en el futuro físico que podemos tocar, o vivimos en el mundo que creamos en nuestras mentes? « My Sassy Girl»
Niños: - ¿Quién es?
“Inés”: - La vieja Inés
Niños: - ¿Qué quería?
Inés: - Un listón.
Niños: - ¿De qué color?
Inés: - Azul.
Niños:- No, no hay.
Inés: - Verde.
Niños: - Tampoco hay.
«Diálogo de juego infantil»
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Érase una vez, no hace mucho tiempo, un hombre que llegó al pequeño pueblo de Aldbury en Inglaterra. Su padre lo había llevado al aeropuerto con el aíre acondicionado alto pues de donde él venía, Mc Allen al otro lado del mundo hacía un calor infernal. La temperatura era de 38 grados y se respiraba un aire campirano, con el cielo azul y las nubes más hermosas que algún día podrán encontrar. Él, vestía con una camisa de cuadros roja, unos pantalones ajustados y botas de piel que llevaba como gesto de despedida al pueblo que lo vió crecer, del cual no sabría más por mucho tiempo, o al menos eso esperaba. Su vuelo se había adelantado así que no tuvo tiempo de despedirse de aquellos amigos de la infancia ni familiares y fue algo duro porque quizá no los vería nunca más. De donde venía el clima era cálido y a donde se dirigía era tan frío como el hielo. Había decidido mudarse pues ya no le apetecía vivir con sus padres y sabía que debía viajar por el mundo cansado por la rutinaria vida que llevaba en aquel nefasto pueblo campirano como le decía su padre.
—Paulo, no tienes porque hacer esto, no te quiero perder, eres lo único que me queda en éste jodido —Me dijo mi padre por enésima vez antes de abordar el avión hacia Inglaterra. Mi padre y yo somos tan parecidos, física y sentimentalmente excepto por sus cabello canoso, las arrugas de su piel ¡Con decirles que tenemos el mismo lunar en el mismo lugar! Tuve pavor y miedo cuando contemplé su mirada llena de vacío como si algo muriera en él por mi partida. Pero tenía que hacerlo, era tiempo de crecer, de ser libre, de poder ser yo. Además ¿Cómo podría permitir que él viviera solo, él que era tan bondadoso y a la vez firme? No sabía si se podría sostener sin mí. Eso me dolía pero era el momento de partir. Ahora tenía a su esposa Clara que haría que olvidara por momentos que yo habría de partir. —Es que quiero ser libre— Dije con miedo mientras le mentía sínicamente a la cara. Eso de mentir siempre se me había dado bien y mentía con tanta frecuencia en los últimos días que hasta yo creía mis propias invenciones. —Jamás me olvides— dijo resignado. —¿Cómo podría hacerlo? Eres tú quien siempre ha cuidado de mí. —Quiero verte pronto— Dijo él mientras una lágrima le brotaba de los ojos, esperanzado en que cambiaría mi decisión, jamás lo había visto llorar, por primera vez en la vida lo había hecho, justo enfrente de mis ojos. —¿Te veré pronto?— Preguntó resignado. Puedes volver cuando quieras. Las puertas siempre estarán abiertas. En sus ojos veía el sacrificio que aquella promesa conllevaba. Mi padre era un hombre de negocios, tenía 3 empresas, una de ellas en el medio oriente y el dinero no causaba grande dificultad para él.
—No te preocupues por mí insistí, todo irá excelente y te enviaré una postal al llegar—Dije amargamente—. Te quiero, le recordé.
Tomo su mano y me abrazó como jamás lo había hecho, durante casi 5 miutos; después subí al avión y el partió.
Para llegar a Aldbury tenía un viaje largo donde tenía que trasbordar hasta llegar a Inglaterra y de ahí dos horas más en carro. Jamás me había gustado volar y el único miedo que me aprisionaba era el hecho de saber que llegaría a un mundo nuevo. En el cual no conocía absolutamente a nada; ni a nadie. Ya me había inscrito en una escuela, tenía un pequeño departamento de mi padre y tenía el dinero suficiente para comprar un carro allá. Pero ciertamente estaba convencido de que iba a sentirme completamente solo, y ese sentimiento de vacío comenzaba a llenar mi ser. Estaba nevando cuando el avión aterrizó. Fué algo bueno pues desde que mi madre había muerto, al nevar la sentía a mi lado y por un momento ya no me sentía tan solo. La nieve me hacía recordarla pues la última vez que la vi, fue en aquella triste navidad donde yo tan solo tenía 15 años, apenas puedo recordar aquél trágico momento en que la perdí. Se me da bien olvidar cosas dolorosas. Pero mejor hablemos de cosas más lindas como cuando me enseñó a crear ángeles de nieve o muñecos; de esos que sus ojos son botones y la nariz tan solo un pedazo de zanahoria.
Mi compañera de cuarto Emily me estaba esperando ya al abordar. Al llegar ella me abrazó tontamente. —Me alegro de verte, jamás creí que fueras tan guapo— Dijo con una mirada firme y tenaz. Me ruboricé por unos instantes y cambié el rumbo de la conversación. Me ayudó con las maletas que eran pocas. La mayoría de mi ropa no la había empacado pero llevaba dinero de sobra para comprar nueva —Y ¿Qué hay de interesante aquí?—¿Qué quieres saber? Tengo mucho por contar…
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